El 10 de agosto pasado se conoció el veredicto en el caso Dewayne Johnson versus la Compañía Monsanto, un jurado de 12 personas (9 de ellas mujeres) condenó a la multinacional por no advertir que el glifosato que contenían sus herbicidas era cancerígeno y además por ocultar información. Según el jurado la compañía actuó con “malicia” y su herbicida Roundup, con su versión profesional RangerPro contribuyó “sustancialmente” a la enfermedad terminal del jardinero Dewayne Johnson. El veredicto fue leído por la jueza Suzanne Ramos Bolaños y seguido con suma atención por el demandante Johnson, de 46 años, quien se encuentra enfermo de un cáncer del sistema linfático (Linfoma no Hodgkin) tras aplicar los herbicidas en terrenos escolares durante dos años usando la protección adecuada y según las indicaciones del producto.

MONSANTO CONDENADO POR SU HERBICIDA “ESTRELLA”.

POR: BASE INVESTIGACIONES SOCIALES (BASE IS) PARAGUAY *

La multinacional, recientemente adquirida por Bayer, fue condenada el sábado11de agosto por un tribunal de San Francisco, Estados Unidos, a pagar 290 millones de dólares a Dewayne Johnson quien padece cáncer linfático. Según el veredicto de Tribunal Monsanto actuó con malicia debido a que no comunicó que su herbicida Roundup contenía glifosato cancerígeno.

En su denuncia Johnson señaló que la enfermedad apareció luego de utilizar el producto en los terrenos escolares de la ciudad de Benicia, en California, donde trabajaba como jardinero. El fallo del caso se basó en los informes de la Agencia Internacional para la Investigación sobre Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), un organismo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que en el año 2015 calificó al glifosato como potencialmente cancerígeno.

Esta es la primera vez que Monsanto/Bayer se sienta en el banquillo de los acusados debido a su producto estrella, el Roundup, vendido en más de 130 países y aplicado a un centenar de cultivos y cuyo principio activo fundamental es el glifosato. Bayer adquirió definitivamente Monsanto en junio pasado por la suma de 66.000 millones de dólares, desde entonces ha pretendido despojarse de la mala fama con la que carga el nombre de la multinacional anunciando incluso la desaparición del nombre “Monsanto”, sin embargo este fallo es un duro golpe a esas intenciones ya que abre las puertas a condenas similares en otros cientos de casos que han sido denunciados en EEUU y otros países.

En Paraguay, el glifosato es utilizado en cerca de tres millones y medio de hectáreas sembradas con soja transgénica, con un volumen de importación que en 2016 rondaba las 11 mil toneladas del producto. El uso de agrotóxicos creció exponencialmente en el país desde la aparición de los cultivos transgénicos, pasando de 8 mil toneladas de veneno usados en 2009 a más de 45 mil toneladas que se utilizaron en 2016.

En promedio cada paraguayo “consume” 6.5 litros de agrotóxicos por año. El uso intensivo de los venenos, y particularmente del glifosato, ha dejado varios casos de intoxicación en el país; el caso más recordado es el del niño Silvino Talavera, ocurrido en el año 2003, quien falleció días después de haber sido afectado por la fumigación con glifosato que realizaba un sojero en la zona de Itapúa.

También existen casos más recientes como el de la Colonia Yerutí, Departamento de Canindeyú, allí toda la comunidad fue víctima de intoxicaciones por el uso de agrotóxicos en enero de 2011, como consecuencia de esto falleció Rubén Portillo, un joven agricultor del lugar. También en Canindeyú, pero en el Asentamiento Huber Duré, en julio de 2014, dos niñas Adela (de 6 meses) y Adelaida (3 años) fallecieron a causa de intoxicaciones causadas por los agrotóxicos utilizados por sojeros de la zona, también en esa ocasión varias otras personas de la comunidad resultaron afectadas por los tóxicos.

En todos estos casos existieron denuncias ante los órganos judiciales paraguayos, sin embargo solo el caso de Silvino Talavera llegó a una condena de los responsables de la fumigación, condena que posteriormente fue suspendida por otra instancia judicial. Los demás casos de fumigaciones ilegales e intoxicación de comunidades enteras por parte de grandes productores de soja transgénica que utilizan agrotóxicos han quedado en la impunidad o directamente no son investigados por la justicia.

* BASE Investigaciones Sociales es un centro de investigaciones sociales, de carácter autónomo, inscripto en el Registro Público como entidad privada sin fines de lucro. BASE Investigaciones Sociales es un centro que se dedica a la investigación y difusión de conocimientos sobre la realidad paraguaya y a la formación, desde una perspectiva crítica. Orienta su accionar prioritariamente al servicio de las organizaciones sociales en la construcción de una sociedad equitativa, solidaria, respetuosa de los derechos humanos y de la naturaleza.

LA CONDENA A MONSANTO GOLPEA AL GRUPO BAYER EN LA BOLSA DE VALORES DE FRÁNCFORT.

POR: CUBADEBATE; CONTRA EL TERRORISMO MEDIÁTICO

El gigante agroquímico y farmacéutico Bayer sufrió una caída de más de 12 por ciento de sus títulos en la bolsa de valores de Fráncfort, con una pérdida global de más de 11 mil millones de dólares de capitalización, luego del fallo de un tribunal de Estados Unidos condenando a la empresa de semillas Monsanto, adquirida recientemente por el grupo alemán.

Las acciones de Bayer cayeron 12 por ciento hasta 81.79 euros por el temor del mercado a posibles problemas legales que pudiera acarrearle la decisión de un tribunal de San Francisco, que ordenó a Monsanto; indemnizar con casi 290 millones de dólares a un jardinero estadounidense, Dewayne Johnson.

Johnson, de 46 años, había demandado a Monsanto alegando que el uso de los productos de la multinacional, especialmente el Roundup, con base en el glifosato, hizo que contrajera cáncer, sin que la empresa advirtiera sobre la peligrosidad de esos químicos.

Bayer adquirió a Monsanto en junio pasado por 63 mil millones de dólares, y ahora muchos inversionistas temen que el impacto de los demás procesos judiciales que enfrenta hoy la empresa de semillas en Estados Unidos pudiera ir a la cuenta del gigante alemán y sumar hasta diez mil millones de dólares.

“Si cada juicio perdido cuesta 250 millones de dólares, no hace falta mucho para que esto se convierta en algo suficientemente caro”, dijo a la AFP Michael Leacock, analista de MainFirst, quien consideró que la factura del total de los juicios “podría fácilmente alcanzar diez mil millones de dólares” para Bayer, incluidos los posibles acuerdos amistosos con una gran cantidad de solicitantes.

Otras fuentes, entre ellas bancarias, estimaron en cinco mil millones de dólares la cifra.

Esa semana, tras conocerse el fallo judicial contra Monsanto, Bayer insistió en que el glifosato, utilizado en la agricultura, es inocuo, y aseguró que no detendrá su producción.

Según un portavoz del grupo alemán, “basándose en pruebas científicas, evaluaciones reglamentarias a escala mundial y décadas de experiencia práctica del uso del glifosato, Bayer estima que es seguro y no cancerígeno”.

En el juicio celebrado en San Francisco, el jurado determinó que Monsanto actuó de manera malintencionada y que su herbicida Roundup, así como su versión profesional RangerPro, contribuyeron “considerablemente” en la enfermad de Johnson, un conserje de escuela a quien en 2014 le fue diagnosticado un incurable linfoma no Hodgkin, con una expectativa de menos de dos años de vida.

Johnson, que antes de que le diagnosticaran la enfermad no había tenido problemas de salud, explicó a fines de julio que no sabía nada sobre las controversias vinculadas al glifosato hasta que vio marcas en su piel y comenzó a informarse en internet. Sus abogados estimaron que Monsanto privilegió sus beneficios antes que la salud pública, combatiendo los estudios científicos que apoyan la tesis de los riesgos cancerígenos de esa sustancia.

Roundup, lanzado en 1976, es el principal producto de Monsanto y el glifosato es el herbicida más usado en el mundo. En 2015 un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó al glifosato como “probable cancerígeno”.

Es el herbicida más utilizado en el mundo bajo distintas marcas, desde que la patente detentada por Monsanto pasó al dominio público en el 2000, y es además acusado de ser nefasto para el medioambiente y de contribuir a la desaparición de las abejas, así como de ser perjudicial para el sistema endócrino.

Monsanto (sus detractores la llaman Munsatan o Mutanto) registró en 2017 una cifra de negocios de 15 mil millones de dólares y un beneficio neto de dos mil millones. Tras la fusión por la compra, Bayer informó su intención de abandonar el nombre Monsanto.

MIENTRAS QUE EN OTROS PAÍSES LA JUSTICIA RECLAMA LA PROHIBICIÓN DE PLAGUICIDAS, EN ARGENTINA LAS AUTORIDADES CONTINÚAN APELANDO A LAS BUENAS PRÁCTICAS AGRÍCOLAS.

POR ING. JAVIER SOUZA CASADINHO, COORDINADOR REGIONAL RED DE ACCIÓN EN PLAGUICIDAS Y SUS ALTERNATIVAS DE AMÉRICA LATINA.

Desde RAPAL reclamamos la prohibición de los plaguicidas comenzando por los Altamente Peligrosos (PAP)

Al Sr. Ministro de Agroindustria Luis Etchevehere:

Al Sr. Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable Sergio Bergman

Al Sr. Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable Adolfo Rubinstein

A todos

Recientemente varios veredictos de la justicia internacional y afirmaciones en torno a la potencialidad de daño de los plaguicidas nos han impactado, más aún en las comunidades afectadas por dichos tóxicos. Estos reclamos y aseveraciones parecen no haber causado ninguna impresión, ni originando cambios en las apreciaciones de los tomadores de decisión respecto al registro, autorización y categorización de plaguicidas, ni en los productores respecto a su utilización y en ambos en relación con su efecto socioambiental.

En primer lugar, un fallo, establecido por el tribunal de apelaciones de San Francisco (Estados Unidos), ha impuesto a la Agencia de Protección Ambiental (EPA) un plazo de 60 días para retirar del mercado todas las formulaciones a base del principio activo conocido como clorpirifos. Mientras tanto, en nuestro país este insecticida organofosforado es ampliamente utilizado, se importaron 2.262.920 kg en el año 2017, en las producciones de hortalizas, frutas, tabaco, cereales, soja, maíz incluso en los hogares para el control de parásitos en mascotas y como preservante de la madera. Este producto puede causar trastornos en la salud a nivel agudo como vómitos, diarreas, temblores y a nivel crónico como alteraciones en el sistema nervioso expresándose como dificultad en el aprendizaje y cambios en la conducta. También puede comportarse como disruptor endócrino, es decir, una sustancia presente en el ambiente, alimentos y productos de consumo que puede interferir en la síntesis, metabolismo o la acción hormonal, provocando una desviación del control homeostático, crecimiento y reproducción normales.

También recientemente una sentencia de la Justicia de California obliga a la empresa multinacional Monsanto a pagar cerca de 290 millones de dólares a un trabajador (jardinero), llamado Dewayne Jhonson, que contrajo cáncer terminal (linfoma no Hodgkin) por estar expuesto al herbicida glifosato al realizar sus tareas laborales cotidianas. La empresa nunca le advirtió sobre los graves riesgos en la salud al exponerse a este producto. Este herbicida es el más utilizado en nuestro país bajo diferentes nombres comerciales según la composición química del producto formulado y la empresa que lo produce, importándose en el año 2017 unos 53.075.469 de kilos. Este producto, que fue categorizado como probable cancerígeno por la organización mundial de la salud, además puede ocasionar daños a nivel de la expresión de los genes, alteraciones en el sistema nervioso, del sistema excretor (riñones) y mal de Parkinson.

Más cerca geográficamente a nuestro país, una magistrada de la justicia de Brasil ordenó que el gobierno federal prohíba por treinta días la utilización de varios plaguicidas que contengan, entre otros, los principios activos glifosato (herbicida), abamectina (insecticida /acaricida), Tiram (fungicida), Paraquat (herbicida) hasta que la agencia nacional de vigilancia sanitaria (ANVISA) realice una reevaluación toxicológica de estos productos. A su vez, la jueza solicitó que no conceda nuevos registros de productos que contengan algunos de los siguientes principios activos; Paration metílico, lactofem, forato, carbofurano, abamectina, paraquat y glifosato. Cabe recordar que el herbicida Paraquat se halla prohibido en la Unión Europea y que en nuestro país se ha incrementado su utilización, importándose 15.566.448 Kg en el año 2017, a partir de la aparición de plantas silvestres resistentes a las formulaciones y dosis “normales” de glifosato.

En referencia al glifosato, recientemente en la reunión de la Asociación Argentina de productores en siembra directa, Aapresid, el Dr. Adrían Cormillot, expreso “todas las asociaciones mundiales (ambientales y de salud) dicen que el glifosato no hace mal a los humanos” y que “Echarle sal a la comida es más peligroso que el glifosato”. El médico insistió en que “hay mucha animosidad por parte de algunos sectores que incluso difunden informaciones que no se condicen con lo que realmente mencionan los estudios científicos sobre los que se basan”. Claramente se relativiza que el modelo predominante, aunque no el único, basado en los monocultivos y su paquete tecnológico asociado asentado en herbicidas, insecticidas y fungicidas que causan daños en salud, como afirman serios estudios epidemiológicos, monitoreos comunitarios y estudios de laboratorio. Además, se intenta descalificar cualquier tipo de investigación que ponga en cuestionamiento el efecto de los plaguicidas en la salud de las personas y su probada contaminación del suelo, agua, aire y alimentos.

Los productos antes mencionados pertenecen al grupo de los Plaguicidas altamente peligrosos PAP (HHP en Ingles), es decir plaguicidas que presentan niveles especialmente elevados de peligrosidad aguda o crónica para la salud o el medio ambiente, según los sistemas de clasificación internacionalmente aceptados, como el de la OMS o el Sistema Globalmente Armonizado de Clasificación y Etiquetado de Productos Químicos, o por estar incluidos en los acuerdos o convenios internacionales vinculantes pertinentes. Además, se considera que podrán tratarse como altamente peligrosos, los plaguicidas que causen daños graves o irreversibles para la salud o el medio ambiente en las condiciones de uso en un país. Desde la Red Internacional de Acción en Plaguicidas (PAN) se proponen criterios adicionales para incorporar plaguicidas a la lista de los HHP, entre ellos: que la toxicidad sea fatal si es inhalado, si es perturbador endocrino, que sea muy bioacumulable, muy persistente en el agua, el suelo o los sedimentos, muy tóxico en organismos acuáticos y, por último, muy tóxico para las abejas.

En la Argentina los plaguicidas altamente peligrosos son causa importante de intoxicaciones agudas, problemas de salud crónicos y perjuicios al medio ambiente incluidos la contaminación de aguas superficiales y subsuperficiales, suelos, vegetación y afectación a los insectos benéficos, entre ellos las abejas.

Mientras en el resto de los países se discute y toman determinaciones, en el nuestro desde los tomadores de decisión se sigue pensando que con las buenas prácticas agrícolas (BAP) se puede solucionar el problema derivado del creciente uso de plaguicidas, la exposición a los tóxicos y los daños en la salud. Quizás las buenas prácticas agrícolas posibiliten una menor exposición a los plaguicidas de quienes los aplican, pero está demostrado que no reducen el uso de agrotóxicos, no posibilitan reducir el peligro para la población expuesta y el daño ambiental , pues cuando el químico emerge de la boquilla ya sea de la mochila de aplicación manual, los vehículos autopropulsados (mosquitos) o de los aviones , nadie puede gobernar el destino de la partículas en su interacción con el ambiente según sus características químicas; evaporación, bioacumulación, arrastre por el viento, etc.

Atento a estas determinaciones y discusiones, desde RAPAL llamamos a:

– Que Las instituciones gubernamentales lleven adelante los planes y prácticas establecidas a partir de la ratificación y firma de en los convenios y estrategias internacionales sobre el manejo de sustancias químicas (SAICM) que insta, entre otras medidas, a los países a reemplazar los plaguicidas altamente peligros.

– Repensar los modos de producción agrícolas. Claramente es posible producir alimentos de manera sustentable y viable sin usar agrotóxicos a partir de estrategias, prácticas y tecnologías agroecológicas.

-Planificar la prohibición de los plaguicidas comenzando por los altamente peligrosos.

-Informar y realizar monitoreos epidemiológicos fundamentalmente en la población expuesta.

-Facilitar el acceso a la justicia ambiental a la población afectada por el efecto de los agrotóxicos.

– Fomentar las prácticas y tecnologías agroecológicas a partir del acceso a la información y con política públicas adecuadas.

SERGIO RINALDI

TALLER DE COMUNICACIÓN AMBIENTAL

tallerdecomunicacionambiental@gmail.com