Historias de la historia (última parte)
Es un hecho histórico olvidado de la mayor masacre mundial de la historia del siglo XX como el
Segundo Conflicto Mundial, yo lo llamo la Masacre más espantosa del siglo pasado donde la
Ciencia se transformó en un arma de destrucción masiva y que muchos trataron de borrar de la historia
Todo comenzó en un región de China Nankín ahí comienza una historia macabra digna para los escritores de Ciencias Ficción u terror pudieran narrar una historia olvidada de sufrimientos y el protagonista nunca condenado fue el general y microbiólogo Shiro Ishii el Méngüele del Sol naciente.
LOS CRIMINALES PREMIADOS
¿Quién fue Masayi Kitano tras el conflicto?
Tras el fin de la guerra, Masayi Kitano —quien fue el sucesor de Shiro Ishii en la unidad— continuó su carrera profesional y llegó a ocupar el cargo de vicepresidente de la Academia Nacional de Ciencias de Japón.
¿Por qué las empresas farmacéuticas usaron patentes del Escuadrón?
Tras la guerra, algunos miembros del Escuadrón 731 fundaron compañías farmacéuticas, tales como Green Cross Corporation (ahora parte de Mitsubishi Tanabe Pharma), las cuales se beneficiaron económicamente de patentes derivadas directamente de los experimentos realizados sobre las víctimas durante el conflicto. Asimismo, se menciona el caso de Ryoichi Naito, un colaborador cercano de Shiro Ishii, quien utilizó su experiencia para establecer el primer banco de sangre de Japón y dirigir una importante empresa dedicada a productos sanguíneos.
Callar a las víctimas vivas
Podemos decir que existieron varios métodos crueles utilizados para silenciar y someter a las víctimas durante los experimentos de vivisección y otros procedimientos médicos:
Uso de mordazas: Se colocaban trapos en la boca de las víctimas mientras estaban siendo diseccionadas para intentar silenciar sus gritos de agonía.
Restricción física: Guardias se encargaban de sujetar a las personas mientras se realizaban los procedimientos médicos sobre tejidos vivos.
Ejecuciones inmediatas: El video señala que, ante la resistencia o el rechazo a participar en experimentos forzados (como en el caso de las infecciones deliberadas de enfermedades venéreas), los prisioneros eran directamente ejecutados.
Eliminación sistemática de testigos: Al final de la guerra, ante la inminente derrota, se ordenó la ejecución de los aproximadamente 150 prisioneros restantes mediante envenenamiento con cianuro o cloroformo, además de forzarlos al suicidio, con el fin de eliminar a cualquier testigo vivo que pudiera revelar las atrocidades cometidas.
Los criminales en la sociedad japonesa
Tras el colapso del Imperio Japonés y la inminente derrota, la mayoría de los líderes y científicos del Escuadrón 731 (más de 3,000 personas) lograron escapar a Japón y reintegrarse a la sociedad civil sin enfrentar castigos por sus crímenes. Este proceso de impunidad ocurrió de la siguiente manera:
El pacto de inmunidad: El general Shiro Ishii, principal arquitecto de las atrocidades, negoció directamente con las fuerzas de ocupación estadounidenses, lideradas por el general Douglas Mac Arthur. A cambio de entregar los valiosos (y macabros) datos obtenidos a costa de miles de vidas inocentes sobre armas biológicas y químicas, Ishii y sus colaboradores recibieron inmunidad total frente a los juicios por crímenes de guerra.
Cargos prominentes en la posguerra: Debido a esta protección geopolítica, muchos ex miembros de la unidad ocuparon puestos de poder e influencia en la sociedad japonesa:
Sector farmacéutico: Algunos fundaron o dirigieron compañías como Green Cross Corporation (ahora parte de Mitsubishi Tanabe Pharma), beneficiándose de patentes derivadas de sus experimentos.
Academia y medicina: Otros se convirtieron en decanos de universidades médicas y figuras clave en la comunidad científica. Por ejemplo, Masaji Kitano, sucesor de Ishii, llegó a ser vicepresidente de la Academia Nacional de Ciencias de Japón.
Salud pública: Rioichi Naito estableció el primer banco de sangre de Japón y dirigió una importante empresa de productos sanguíneos.
Vida tranquila: El propio Shiro Ishii vivió tranquilamente en Tokio hasta su muerte por causas naturales en 1959, sin haber pisado nunca un tribunal internacional por sus actos.
Esta impunidad permitió que gran parte del conocimiento y las personas responsables de las atrocidades en Manchuria se integraran en las estructuras de poder del nuevo Japón, dejando una profunda mancha ética en la historia de la posguerra .
¿Qué destino final tuvo Shiro Ishii?
Tras negociar inmunidad con las fuerzas de ocupación estadounidenses a cambio de datos sobre armas biológicas, Shiro Ishii evitó cualquier juicio y vivió una vida tranquila en Tokio hasta su muerte por cáncer de garganta en 1959, a los 67 años.
UNA HISTORIA NO CONTADA SOBRE EL DESTINO DE LOS CIENTFICOS GENOCIDAS
Tras la Segunda Guerra Mundial, el destino de los científicos del Escuadrón 731 estuvo marcado por la impunidad y la colaboración geopolítica:
Pacto de inmunidad: El líder del programa, el general Shiro Ishii, negoció directamente con las fuerzas de ocupación estadounidenses, bajo el mando del general Douglas MacArthur. A cambio de entregar datos obtenidos mediante sus experimentos sobre armas biológicas y químicas, Ishii y más de 3,000 colaboradores recibieron inmunidad total y evitaron ser juzgados por sus crímenes.
Integración social y profesional: Muchos de estos individuos se reintegraron a la sociedad civil japonesa, ascendiendo a posiciones de gran prominencia:
Sector farmacéutico: Algunos fundaron compañías como Green Cross Corporation (hoy parte de Mitsubishi Tanabe Pharma), beneficiándose económicamente de patentes derivadas de los experimentos realizados. Academia y medicina: Varios ex miembros se convirtieron en decanos de universidades médicas u ocuparon cargos en instituciones científicas. Por ejemplo, Masaji Kitano, sucesor de Ishii, llegó a ser vicepresidente de la Academia Nacional de Ciencias de Japón. Salud pública: Ryoichi Naito, colaborador cercano de Ishii, estableció el primer banco de sangre de Japón.
En contraste, los pocos miembros capturados por las fuerzas soviéticas fueron procesados en los juicios de Khabarovsk en 1949, recibiendo penas de prisión.
Juicios soviéticos: Algunos miembros capturados por las fuerzas soviéticas, como el mayor general Kiyoshi Kawashima, fueron juzgados en los procesos de Khabarovsk en 1949. Los acusados confesaron crímenes sobre guerra biológica y recibieron sentencias que variaron entre 2 y 25 años de trabajos forzados en el Gulag siberiano.