POR CARLOS DEL FRADE
(Anticipo del libro del mismo nombre que se publicará en octubre de 2026)
El periodismo es el mejor trabajo del mundo. Requiere de la atención permanente, una cualidad vinculada a la poesía o al arte en general.
Una forma de humanismo cotidiana. Preguntarle a la realidad, tal como se presenta, si en esa representación están respondidas las cinco preguntas básicas del oficio. Si son visibles el o los qué, el o los quiénes, el o los cómo, el o los cuándo y dónde y el o los varios porqué de esa pequeña porción de la dinámica histórica que suele surgir como relato informativo ya no solamente en los medios de comunicación si no también en las redes supuestamente sociales.
De allí que el primer esfuerzo para profundizar cualquier noticia sea, justamente, detectar la respuesta ausente, cuál de las cinco famosas preguntas no está respondida en esa primera representación de la realidad. En esa pregunta no respondida, en esa respuesta que no está enunciada está la puerta cerrada por intereses que hay que desenmascarar. En esa respuesta ausente comienza la investigación periodística.
La historia del periodismo, tanto a nivel mundial como en la crónica social argentina, es una forma que adquiere la histórica política de los sectores sociales, económicos y políticos en pugna en la dinámica social.
De allí que este libro manual contenga una lectura de esas formas de hacer periodismo a lo largo de la historia argentina. Formas que fueron construyendo líneas de contar lo que sucede para buscar un objetivo a partir de esa manera de narrar los hechos.
Por eso periodismo, política y educación son actividades hermanas. Sin información precisa, verificable y concreta, cualquiera de las tres actividades se vuelve difusa, deviene en una chantada típica de quienes mueven las aguas en la superficie, con la profundidad del charco.
El periodismo del poder político, en realidad, termina siendo propaganda, de allí que el trabajo de construir información precisa, clara y verificable sea un ejercicio cuestionador de esas formas históricas que adquiere o toma la política, la economía y la cultura dominantes en cualquier sociedad, nacional, provincial, municipal o comunal.
La búsqueda de las cinco preguntas, la que intenta realmente encontrar en un tema las raíces más profundas de los hechos o anuncios, termina siendo una incomodidad para los poderes.
De allí que la palabra investigación deviene de descubrir, mostrar lo que hasta ese momento no estuvo dicho ni exhibido. Y los que ocultan cifras, hechos, personas y fundamentos suelen formar parte de estructuras de poder. El periodismo, a la larga, siempre estará del otro lado.
La etimología de las palabras suele agregar claridad. Noticia surge en la última etapa de las sociedades feudales, en la disolución de los castillos en Europa. Allá por el siglo trece, noticia surgió como sinónimo de conocimiento del pueblo porque obviamente esa información estaba detrás de los muros de los castillos y pertenecía a muy pocas personas. En ese tránsito de un modo a otro, el conocimiento del pueblo era vital para los nuevos actores sociales que era paridos, como la burguesía, la que generaría el surgimiento de ciudades abiertas.
Dar conocimiento oculto por las minorías al “pueblo” es una fenomenal dimensión política de la información, del periodismo. No es repetir lo que dicen las minorías, es buscar el por qué de las cosas para que sea conocido por la mayoría. Una actividad política clara y contundente.
Por eso la finalidad de la investigación periodística es una noticia de cabeza múltiple, que revela varias informaciones que responden cuestiones que hasta ese momento no se conocían porque había intereses que obraban a favor de esa ignorancia deliberadamente socializada.
El periodismo, insisto, es una forma de humanismo beligerante. No se trata de una mera enunciación declamativa. No se conforma con la publicación de hechos o datos desconocidos. Es un viaje, como los viajes de los descubridores (recuerden que investigación es descubrir), hacia el interior de algo que viene sucediendo hace tiempo en la dinámica social que se genera en una geografía en particular. Y no hay viaje que no deje huellas en las personas que viajan. Consecuencias profundas en muchos casos.
De allí que surja algo, en estos más de treinta años del ejercicio del oficio más hermoso del pueblo, que puede definirse como poética existencial. La increíble e inverosímil resistencia de la ternura, el amor, la solidaridad, la ética, la piedad en lugares atravesados y cosidos por la injusticia y las diversas dimensiones de la maldad. Pero allí están esos testimonios. Esas caras a las que hay mirar presencialmente, esos lugares que hay que oler y pisar y compartir, esos silencios que duran mucho más que el apuro que trae la cronista o el cronista circunstancial.
Para eso es indispensable aprender algo que surgió de los apuntes de Rodolfo Walsh cuando escribió que hay que escuchar bien para contar bien lo que le sucede a nuestro pueblo. Y no es fácil escuchar en un sistema que se basa en la exacerbación del individualismo y el consumismo y que únicamente invierte en desvincular las personas entre si para que desaparezca la dimensión histórica, social y política de cada una, de cada uno.
Pibas y pibes, mujeres y hombres explotados de diversas maneras y que sin embargo llegan a contar su pasión por la poesía, sus ganas invictas de jugar al fútbol en un club de primera aunque duerman sobre la tierra, resistentes de torturas que inventan nuevos espacios de esperanzas colectivas y gente anónima que no se resigna de ninguna manera a repetir las órdenes de los multiplicadores del dolor. Esos testimonios marcan el alma, la memoria, la psiquis o como se llame lo que se aloja bien en lo hondo de cada una y cada uno de nosotros. La historia en carne viva también necesita de saber escuchar, del periodismo, esa forma de humanismo beligerante.
A lo largo de más de treinta años de hacer periodismo y por lo tanto también política y educación, aprendí que la democratización de las experiencias de trabajo es una obligación ética, de allí este libro manual.
Hoy parece que hay que volver a empezar en muchas materias para que nuestras hijas y los que vendrán tengan una nueva oportunidad en esta saqueada cápsula espacial llamada planeta Tierra.
De eso se trata, entonces, este texto.
Escuchar bien para contar bien lo que le pasa a nuestro pueblo. Identificar los discursos ausentes para investigar y descubrir los negocios y las identidades de los multiplicadores del dolor. Denunciarlos con nombres, apellidos y números. Información precisa, detallada y contundente. Y luego actuar en un proceso de transformación. Desde lo cercano a lo lejano, de lo particular a lo general, método inductivo, del árbol al bosque. Y no dejar jamás de estar atentos hasta la última entrega del equipaje. Esa práctica de la atención crítica es una pasión que jamás se apaga, que se enciende todos los días aunque cueste muchísimo porque la realidad de las trabajadoras y los trabajadores de prensa es mala en la mayoría de los casos. Pero es tan bello el mundo y tan bella la vida que por más que parezca y se viva en la dirección contraria a la belleza, allí siempre aparece esa resistencia de la poética existencial. Y a diferencia de otras profesiones, nosotros estamos para contar, no para callar, para que otras personas no sean explotadas sino todo lo contrario.
Por eso hacemos y haremos periodismo hasta el último momento de nuestras extraordinarias aventuras cósmicas llamadas vidas.
Parir información que estaba oculta para transformar la realidad no parece ser un mal ideal en estos tiempos de ultrajes varios.
Democratizar la información es también una forma de democratizar la felicidad.
Gracias.