Rosario, Santa Fe, mayo de 2018-

 

 

A nuestros estimados lectores, les entregamos otro capítulo  del último libro de Carlos, que “EL VECINO” publicará en forma completa. (Segunda parte)

 

 

Los Monos y los defensores del veneno

 

-Andamos matando gente por todos lados –fue la frase que quedó registrada en el teléfono de Leandro Vilches, uno de los principales integrantes de la banda de “Los Monos”, y que sintetizaba parte de sus operaciones en 2013.

Esa frase marcó la segunda semana del juicio a esta asociación narcopolicial que movía millones de pesos por semana.

Cuatro años después, en Rosario, mientras se juzga a la organización narcocriminal, la mayoría del Concejo Municipal (con la reconocida excepción de los bloques de Ciudad Futura, Compromiso con Rosario, Frente Social y Popular, Frente para la Victoria, Partido Justicialista, Unidos y organizados), por imposición de los empresarios vinculados al modelo extractivista basado en el sojalismo exacerbado y el veneno democratizado, volteó la ordenanza votada hacía días atrás que prohibía la utilización del glifosato en el territorio de la Cuna de la Bandera.

Narcotráfico y sojalismo parecen formar parte del mayor desarrollo logrado en los últimos años en la geografía de la ex ciudad obrera, portuaria, ferroviaria e industrial.

Porque el presente, en definitiva, no es más que la consecuencia de aquello que se vienen imponiendo en los últimos años.

La gente que viene muriendo “por todos lados”, según la definición de Vilches, es, en su ochenta por ciento, muchachos y pibas menores de treinta años, habitantes de los arrabales de esa ciudad en que los grandes negocios ordenan a los sectores políticos mayoritarios. Muchachos y pibas empobrecidas que, en la mayoría de los casos, no terminaron la escuela secundaria.

—Rescatate “Gordo”, estás recontra mil cómodo, nosotros andamos matando gente por todos lados, rescatate hermano. Te estamos llamando por una urgencia, no podemos contar con vos, boludo. Yo, ¿sabés a qué hora me levanté hoy? A la diez de la mañana y todavía no paré guacho, no paré te digo la verdad. Ni yo ni el “Ema”, no paré. Yo no fui ni a mi casa, boludo, fui a cambiarme nada más. Te digo la verdad, boludo, estamos renegando. Recién venimos de allá, de Roberto, todo, boludo. Ahora vinimos acá a La Lata, no había mercadería. Ahora le dije a René que cargue la mercadería. No hay humo, no sé si la Vane ya lo terminó. Nosotros hacemos otras cosas, vos encargate de la otra cosa, boludo, tenés que ser más compañero, rescatate, yo también tengo sueño boludo”.

—Tenés razón “Narigón”, tenés razón, no, recién me quede dormido, no es que me vine a dormir – dijo Vilches como excusa al que lo increpaba por no acompañarlos en su tarea de “andar matando gente por todos lados”.

Al término de la segunda semana del juicio, para dos de los principales abogados de la banda, Carlos Edwards y Fausto Yrure, la creación de la División Judiciales dentro de La Santafesina SA se hizo “con la finalidad de investigar homicidios resonantes coincide con la época en la cual se había intensificado la puja política entre el gobierno nacional y las autoridades políticas de la provincia de Santa Fe por su supuesta inacción en la lucha contra el narcotráfico y la violencia urbana”.

Mientras estas palabras se escuchaban en la jornada del jueves 30 de noviembre de 2017 en el seno del nuevo edificio de Justicia Penal, en

“la reunión parlamentaria (del Concejo Municipal de Rosario) de la mañana se presentaron 16 miembros del agronegocio (representantes de Aapresid, Asoja, Sociedad Rural y del TAS ‑Toxicología, asesoramiento y servicios‑) para intervenir en el proceso legislativo y avasallar el espíritu de la norma: la prohibición del uso del glifosato”, sostuvieron organizaciones defensoras del medio ambiente.

El cuestionado proyecto de modificación “elimina la prohibición del herbicida glifosato para habilitar la aplicación de productos más tóxicos aún (clase A, B y C) a través de un protocolo que aún no existe, violando así los principios de no regresión de las normas y el ordenamiento ambiental. Asimismo, alude a la implementación de “buenas prácticas en el manejo de herbicidas”, las cuales son imposible de implementar, ya que con venenos no existen buenas prácticas, como se demuestra en los estudios científicos realizados por las Universidades Públicas argentinas y de diferentes países. Frente a esta serie de irregularidades, desde el conjunto de organizaciones firmantes repudiamos la manipulación del sistema democrático, el avasallamiento de las instituciones, que genera en manos de estos personajes la decadencia de la política”, remarcaron los ecologistas.

El presente no es consecuencia de los hechos de las últimas horas, sino del proceso histórico, político y económico de los últimos años.

No es casual que las palabras vinculadas al negocio narcopolicial tengan que ver con el dinero, la muerte de pibas y pibes y que el Concejo Municipal de la ciudad cambie su actitud frente a los representantes del poder económico que más se desarrolló en los últimos veinte años, el extractivismo basado en el sojalismo exacerbado y la democratización del veneno como insumo básico.

Quizás la simultaneidad de los hechos induzca una apresurada relación pero lo que aparece en el juicio a Los Monos no es más que las particularidades del otro gran negocio que floreció como la cara oculta del modelo del monocultivo, el narcotráfico.

 

Fuentes: Entrevistas personales del autor de la nota; presencia en la audiencia del martes 28 de noviembre de 2017; comunicado “Vergüenza en el Concejo de Rosario” firmado por Taller Ecologista, Taller de Comunicación Ambiental, El Paraná no se toca, Cátedra de Salud Socioambiental, Multisectorial Paren de Fumigarnos, entre otras organizaciones; diario “La Capital”, de Rosario, domingo 3 de diciembre de 2017.

 

 

 

 

Los Monos y la novela latinoamericana

 

El 8 de septiembre de 2012, Martín “el Fantasma” Paz, fue asesinado en pleno macrocentro rosarino, en Entre Ríos y bulevar 27 de Febrero, prólogo de la zona sur de la ex ciudad obrera. A partir de esa sangre derramada, comenzó una seguidilla de asesinatos que tuvo su punto máximo en el homicidio de Claudio “el Pájaro” Cantero, el 26 de mayo de 2013. Durante ese año, la Cuna de la Bandera fue conmovida por 264 asesinatos, cuadruplicando la tasa nacional de homicidios.

-De los 200 homicidios que hay por año en Rosario, la mitad los cometieron los Cantero…-dijo el martes 5 de diciembre de 2017, Luis Paz, el papá del “Fantasma”. Lo hizo en el marco del juicio a la banda de Los Monos, donde muchos testigos decidieron no presentarse.

Los Paz y los Cantero se conocían desde hace años y compartían amores y negocios, dineros y violencia.

Pero es demasiado simplista pensar que la violencia en la geografía rodeada por las aguas marrones del Paraná se sintetice en Los Monos.

El diálogo en los tribunales parece ser el guión de una novela latinoamericana que, por ahora, no termina de presentar a todos y cada uno de sus actores centrales o los más poderosos.

Amor, muerte y poder son las fuerzas que sintetizan lo humano, dicen los grandes escritores, desde Cervantes y Shakespeare hasta Gorodischer y Fontanarrosa. Esas fuerzas comenzaron a aparecer en el juicio que se lleva adelante en el nuevo edificio de la justicia penal rosarina.

La hija de Paz, novia del Pájaro Cantero; el “Fantasma” Paz, en su momento, novio de alguna chica de la familia Cantero.

Amor, muerte y poder casi en clave familiar.

Escenografía del sur del mundo.

Sin embargo, por ahora, hay ausencias poderosas.

Lo que se escucha en el juicio va  presentando la novela.

Las frases van articulando dramas particulares en un contexto de impunidad y extraña distancia de lo político institucional.

-Lo que hacía mi hijo, yo no sé si es lícito o ilícito. Él prestaba dinero…

La muerte de mi hijo fue un complot…Cuando lo mataron les convenía a todos, porque todos le debían plata…También vendía autos. Medio Rosario le debía plata…Los Cantero  no pueden comprar un caramelo por derecha – agregó Luis Paz, un hombre relacionado con barras bravas, el negocio del boxeo y conexiones con gente vinculada al narcotráfico, no solamente en Rosario, sino también en Santa Fe.

El automóvil en el que circulaba su hijo al momento del asesinato, aquel 8 de septiembre de 2012, terminó formando parte del patrimonio del ahora preso por narcotraficante, “El Zurdo” Villarreal, de la ciudad de Santa Fe, amo y señor del barrio Alto Verde, propietario de un cable y un club, con buenas relaciones con la barra del club Colón de la capital del segundo estado de la Argentina.

Pablo Cejas, policía asesinado durante 2017, informó que Paz vivía en un country de Santa Fe y que tenía, por lo menos, cuatro automóviles.

Paz, por otro lado, siempre fue acusado por ser un amigo del juez que hizo toda la investigación de la banda de Los Monos, el doctor Juan Carlos Vienna.

Para Paz, los Cantero están detrás del asesinato de su hijo.

-Fue una traición…De los 200 homicidios que hay en Rosario por año, la mitad los cometió esta gente – remarcó.

Un rato después, Ramón Machuca, más conocido como el Monchi Cantero, le respondió.

-Quiero que se sepa la verdad…Él (por Paz) dice que yo maté a su hijo, pero yo era amigo del hijo. Yo quiero que se llegue hasta el final de todo esto y que se sepa la verdad…Le diría al señor Paz que no se deje llevar por comentarios de calle como hicieron con esta investigación – sostuvo Monchi.

En la jornada del martes 5 de diciembre de 2017, el cruce entre Luis Paz y Monchi Cantero parece formar parte de un drama familiar, barrial. Sin embargo, detrás de cada palabra, en el contexto de los barrios y el dinero que fue y vino durante años, también se mueven los hilos, por ahora invisibles, de poderes que no están sentados ni entre los acusados del juicio ni tampoco entre los que lloran a los muertos por esas balas en el silencio de las viviendas humildes de los barrios de la ex ciudad industrial.

 

Fuente: Entrevistas personales del autor de esta nota; crónicas de los diarios rosarinos del martes 5 de diciembre de 2017.