En 1937, Stalin ordena 1.700.000 detenciones y deportaciones a los campos de concentración, llevando a cabo 700.000 ejecuciones en sólo dos años. Entre los perseguidos por el odio de Stalin se encontraba León Trotsky a quién manda a asesinar. Es ahí cuando comienza la conexión con Frida Kalho.

Al enterarse Trostsky sobre su destino de muerte decide escaparse y ambula por varios países hasta que finalmente llega a México, tras una serie de gestiones realizadas principalmente por el pintor mexicano Diego Rivera (marido de Frida Kahlo) ante el presidente Lázaro Cárdenas quien le concede el asilo político.

A su llegada el 9 de enero de 1937, Trostsky fue recibido en el puerto de Tampico por Frida Kahlo, esposa de Rivera, y transportado hacia la ciudad de México a bordo del tren presidencial que los llevaría a la capital mexicana.

Trostsky y su esposa Natalia moraron una temporada en la Casa Azul, en Coyoacán, vivienda que le cedieron Rivera y Kahlo, y el acercamiento entre ambas parejas desembocó en una relación amorosa que duraría varios meses entre el viejo revolucionario (58 años) y la joven pintora (29 años), que le llamaba cariñosamente «Pinochitas».

Finalmente por discusiones políticas, desencuentros de opiniones y habiéndose enterado del romance, Rivera rompe relaciones con Trostsky, y este decide cambiar su residencia a la Calle de Viena también en Coyoacán, donde vivió hasta el día de su muerte.

Además de la fuerte atracción intelectual y política que ejercía sobre ella, también seguidora de las doctrinas comunistas, el desencadenante de su historia de amor con la Kalho era quizá una venganza hacia Rivera quien había mantenido un romance con su hermana Cristina, y posteriormente la  abandonaría

Los espías de Stalin ya habían descubierto el paradero de Trostsky, y envían a un agente de operaciones especiales para contactarse con tres comunistas españoles, Caridad Mercader y Ramón Mercader (madre e hijo) y Leonid Eitingon (padrastro), para llevar a cabo el plan, y es ahí cuando se comienza a concebir la estrategia para asesinar al líder.

Para llevar a cabo la misión, Ramón Mercader cambia su nombre por el de Jacques Mornard, y a través de otra agente infiltrada de la NKVD de nombre Ruby Weill.

Ruby le presenta a su “amiga” Sylvia Ageloff (quién prestaba servicios como traductora a Trostsky en su propia casa) como un fotógrafo y periodista que llevaba a cargo una corresponsalía para un diario de su supuesta patria, Bélgica.

Durante una charla de café entre los 3, Ramón logra cautivar a Sylvia y de ahí en más comienzan sus encuentros con mayor fluidez, a punto que el flechazo a Sylvia por el falso Jacques Mornard es inmediato.

Ella se enamora perdidamente, y hasta le ofrece la posibilidad de conocer el lugar donde trabajaba, y presentarle en persona al propio Trostsky, por lo que él acepta la propuesta sin titubeos.

En esa casa, Trotsky ya había sufrido un atentado ocurrido en mayo de 1940 perpetrado por un comando armado compuesto por unos veinte hombres en donde se dispararon unos 400 tiros.

(CONTINUARÁ)